Tenía 9 años cuando kurt Cobain,-líder y vocalista del grupo de rock Nirvana- se suicidio, el 8 de abril de 1994. El más grande símbolo de la maquinaria iconoclasta de la década de los noventas había muerto, en lo que muchos ven como la muerte de toda una generación: la X.
Era aún un infante inmune a la percepción del fenómeno social que acaecía. En mi armario no había jeans roídos, ni botas negras ni chaquetas de franela estilo leñador, para mí no existía la música grunge y mucho menos se veía afectado mi ánimo en la callada desesperación existencial posmoderna que pareció invadir el espíritu de la juventud que alcanzada la veintena al principio de la última década del milenio.
A medida que crecía, se permeaban los vestigios de las manifestaciones artísticas de quienes habían formado todo un movimiento, entremezcladas con los productos mercantiles de fin de milenio.
El paso a la pubertad se manifestó, como en muchos de mis contemporáneos, con un simple hecho mercantilista: constituíamos ahora un nuevo segmento de mercado, cambiamos el canal de nuestro televisor, de las caricaturas a MTV, cuatro horas diarias de todo un espectáculo audiovisual.
De las manifestaciones nihilistas, el pesimismo y el burdo existencialismo light quedó la música y la moda: el rock alternativo. En una de las maniobras previsibles, puesto que la bifurcación que ahora constituíamos- la llamada generación Y- cayó en el mismo error que la precursora tanto evitó y terminó por aceptar: el consumismo.
Lo que se llamó rebeldía pudo haber sido llamado- con un poco más de honestidad- conformismo; la generación de universitarios, de jóvenes preparados y con altas expectativas que el mercado laboral no les permitió alcanzar.
El anti comercialismo que fue pancarta fue un consumismo disminuido y selectivo: la adquisición de productos sólo tenía una connotación negativa cuando se salía de la lista de productos acordados por la colectividad a que pertenecían.
Nacidos entre 1984 y 1994, los “y” somos la generación intermedia a la que se le suma las nuevas corrientes marcadas por la tecnología,
Por eso nos integramos tan fácilmente a la misma problemática, a la que se le añadió el uso de las tecnologías de la información, mismas de las que también somos usuarios, pero aún recordamos los tiempos en las que estás no existían.
Formándose una selección en la que se dividió el mundo, en los que sabían usarlas y en los que no. Constituyendo un grupo nostálgico y renuente a los cambios dentro de los miembros de la antigua generación.
De esa forma, se unieron los más jóvenes, aquellos que en la actualidad son adolescentes, en el grupo heterogéneo de los “Y” donde caben los hijos del milenio y la generación google, compartimos problemáticas: no tenemos conciencia.
Los equis ya son adultos, ahora ejercen los trabajos que antes despreciaban, han formado familias y se adaptan a un mercado laboral que los considera hábiles por su facilidad al trabajo en equipo y el rompimiento que hacen de los viejos paradigmas jerárquicos dentro de las empresas.
No pudieron conservan ni su actitud ni su ideología a los puestos de trabajo, sin embargo no se dejaron abatir en sus vidas personales y sustituyeron esa imposibilidad de cambiar el mundo salvando la relación que mantenían con los demás fuera de los ámbitos laborales.
Para los Y, nuestra eficiencia como trabajadores dentro de la sociedad capitalista aún no sido puesta a prueba, pero los pronósticos parecen desalentadores: nuestra incapacidad para establecer relaciones interpersonales es considerada una de nuestras mayores dificultades.
La individualidad nos deja inhabilitados para modificar nuestro entorno más íntimo y próximo.
Nos adaptamos a medio comunicarnos presidiendo del lenguaje no verbal, de las relaciones interpersonales reales y directas, sustituyendo nuestras emociones por burdos emoticones, que construyen un mundo que se alimenta del imaginario colectivo: el ciberespacio.
El registro que hacemos de nuestra vida es mayor que nunca antes: miles de fotos digitales, videos, y escritos diarios en el blog, e irónicamente participamos cada vez en menor medida de nuestra vida, aquella que se desarrolla fuera de la pantalla del computador, el homo videns de Giovanni Sartrori, limitado a la imagen y a la multimedia.
Una generación que se excluye entre ella, en una auto discriminación favorecida por la adquisición de bienes simbólicos que incluyen a los adolescentes en grupos faltos de ideología y por lo tanto de conciencia y cohesión social.
La información está ahí, cómo nunca antes, y los medios para obtenerla se limitan a una búsqueda de segundos en internet. El registro de la historia, la cultura y las manifestaciones artísticas se encuentras revueltas, sintetizadas y descontextualizadas, la urgencia por lo que viene reduce la vida de todo lo que surge, en dos semanas, en un mes, todo lo nuevo dejara de ser útil.
El juego de palabras en inglés que se hizo de la consonante “Y”, que es fonéticamente parecido a la palabra Why (por qué) , nunca definió del todo a una generación que si bien inquiere continuamente, nunca lo hace por otra razón que no responda a fines pragmáticos y utilitaristas.
Perdemos la capacidad de sorprendernos de lo que puede o no lograr la humanidad, a diario utilizamos aparatos de alta tecnología de los que no sabemos su funcionamiento ni los elementos que permitieron que se alcanzara tal sofisticación.
La decepción, la rebeldía y la insatisfacción se manifiestan como algo mecánico, una etapa y la reafirmación de una personalidad que compra esos valores al comprar los productos de marcas que mercadean con esa imagen.
Aunque este fenómeno no es propio ni único de esta generación, la ambición publicitaria del nuevo milenio ha fabricado productos que se adaptan a todo tipo o varios nichos de mercado; lo que permite el uso y consumo de diversos y excesivos productos.
La generación previa nos hereda el desencanto por la vida y los roles asignados para nosotros dentro de la sociedad, sin embargo, ellos parecieron sino solucionarlo si sobrellevarlo con desfachatez, sarcasmo y apatía; mientras nosotros alimentamos día a día con animosidad la misma maquinaria que nos oprime.
3 comentarios:
interesante...me gusto... me había quedado con ganas de leerlo. chido que te animaras a abrir un blog. Bienvenida wife!
Sin duda una descripción de nuestra generación bastante acertada y aguda, a los ánimos de quienes pertenecemos a este tiempo, la apatía se apoderó de lo que algunos de nuestros antecesores privilegiaron, el mantenernos en la ideología que propiciara el cambio para bien y no el que nos suprimiera.
Las circunstancias que nos orillaron a la indiferencia es precisamente lo que ahora bien defines como: “Los equis ya son adultos, ahora ejercen los trabajos que antes despreciaban, han formado familias y se adaptan a un mercado laboral que los considera hábiles por su facilidad al trabajo en equipo y el rompimiento que hacen de los viejos paradigmas jerárquicos dentro de las empresas”; el pensar que de alguna manera la idea de la libertad se acaba cuando te das cuenta que eres educado para seguir un patrón en el que solo domina quien es más productivo, exprimirlo, explotarlo y desecharlo cuando ya ha cumplido el ciclo de vida correspondiente.
La rutina es un fantasma que nutre el nostálgico desamino del cual somos parte; vivimos pensando que el que hare cuando junte cierta cantidad, los sueños no llevan a pensar que el tiempo pasa y que se acaba nuestra vida, y si no conseguimos empleo la frustración es factor importante en la apatía, nos refugiamos en lo que cuando eramos mas jóvenes nos brindó cireta libertad y rebeldía, la música, esa música que dejo de ser idealista para convertirse mera y llanamente comercial, que en la mayoría de los exponentes ofrece siempre lo mismo, cualquiera que tenga “cierta educación en su oído sabrá lo que intento decir”.
La música refleja el estado de amino de quien la crea, interpreta y vive, al mismo tiempo envía el mensaje que nos influye en nuestro andar por las calles de nuestras ciudades, pueblos, pasillos de nuestras casas o vecindades.
La tecnología es comom un reloj de arena el cual corre sin detenerse y cuando lo hace y no estas ahí para voltearlo te quedas estancado en un solo momento de la vida, por ello la adaptación del hombre a la tecnología.
¿De que nos sirve el gigantesco cumulo de información si no giramos nuestro reloj de arena, si no hemos logrado adaptarnos a la tecnología? Incluso hay quienes pertenecen a la generación “Y” y les cuesta trabajo entender el funcionamiento de celulares y de mas objetos que son (ahora) de uso común.
O en su defecto no tienen conocimiento de lo que han adquirido o adquieren, sin embargo lo hacen por la férrea competitividad capitalista que nos conduce a la pequeña subdivisión del consumismo abstracto de satisfactores tecnológicos.
Quizá la ideología de la generación “X” se manchó o fue cambiada lentamente por el capitalismo-consumismo de la cadena a nivel mundial de video música MTV, mirando a la música como el principal medio de comuncicacion entre generaciones, estableciendo la relación empresarios-consumidores; lo que nos llevó al bien mencionado aislamiento en el que nos encontramos y propicio el nicho perfecto para la proliferación de los emos jajajajajajajajajajajajaja ejemplo claro de la apatía de la generación “Y” que si bien lo mencionas abarca de 1984 a 1994.
Todavía tengo más cosas para viajarme, pero creo que era mejor escribirlo en mi blog. Saludos Suxxxi y haber cuando me deleitas de nuevo con otro escrito tuyo. Gracias por escribir así.
Será que Adorno pasó por su pensamiento mientras escribia eso? Ahora creo que la alienación es menos presente en ti. Ausente no digo, porque no creo que es posible, pero está muy bien para mi.
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