Añoro la vida que nunca tuve,
junto a la persona que jamás me amó.
Los minutos de dicotómicas madrugadas,
mitad sueño, mitad recuerdo;
no entrelazados - a manera de puente-
extendido sobre la abismal profundidad de nuestras soledades.
Ansío la nostalgia con la asistimos
al entierro de nuestros besos no natos
Vestidos de negro,
pintados de negro,
siendo la noche.
Donde mis sonrisas fueron fantasmas,
asesinadas por la alegría inasequible a los dos,
ahora espectros atados a la escena del crimen:
eterna mueca de insatisfacción.
Encima del deseo los seis metros de tierra
y la palabra excusa cincelada en piedra.
Siendo incapaz de consolar a mis fantasías,
apiladas, inamovibles,anquilosas;
llorando abrazadas al ataúd en forma de cama.
Extraño cuando me cosía y descosía la cara,
puntos de cruz para los reflejos del alma.
En el cenit de las agujas: mi únicos ojos.
Totalmente ciega, pisando sobre sueños dentados,
archivé tus símbolos y tus sobre estimadas palabras,
con las que te vestiste la piel, entintada de intraducibles marañas.
Pero jamás nos asomamos sobre las almenas de nuestras murallas
(tras muros de prudencia)
sólo permanecimos dándonos la espalda.
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