domingo, 30 de mayo de 2010

Desde que se me acabó el amor...

(un relatillo ,espero se entienda el humor negro)

Desde que se me acabó el amor…
Estoy en una oficina de impuestos con mi ticket blanco numerado en la mano; una pantalla desliza un número rojo: el 58. Mi número es el 90. Hago un conteo de mis recibos y facturas de mi declaración anual. Siempre se me olvida algo.
Desde que se me acabó el amor…
Estoy formada en la fila del banco, son las 2 de la tarde de un día de pago. La fila culmina en la calle. Dos cajeros comparten un chiste personal. Ríen, ¿de qué ríen? La persona frente a mí no conoce lo que es un desodorante.
Desde que se me acabó el amor…
Estoy en una oficina de gobierno, me han pedido cuatro copias para hacer el trámite y sólo he llevado dos; tengo que salir del lugar, sacar copias y regresar. Estoy segura que cuando llegue a la ventanilla algo estará mal y “tendré que regresar mañana”. Estamos a 30 grados, pero por políticas de austeridad burocrática no hay aire acondicionado.
Desde que se me acabó el amor…
Me preocupa la última campaña política; reviso las estadísticas y discuto apasionadamente sobre el candidato que considero es el mejor.
Desde que se me acabó el amor…
Ya no leo novelas, cuentos ni, mucho menos, poesía. Leo biografías, libros didácticos y el periódico. No quiero perder mi tiempo, arguyo.
Desde que se me acabó el amor…
Junto mis estados de cuenta del banco de manera cronológica.
Desde que se me acabó el amor…
Me siento poco instruida; me pone ansiosa empezar nuevos diplomados, cursos y mi maestría. Me sorprende el tiempo que he “perdido”. Tengo que apurarme si quiero conseguir mi doctorado antes de los 35.
Desde que se me acabó el amor…
Me enoja mi retraso tecnológico. Mi computadora personal es obsoleta: tiene ya dos años… aún no consigo un blackberry, un gps para el coche ni un ipad.
Desde que se me acabó el amor…
Me preocupa no estar “en forma” pienso seriamente acudir a un gimnasio.
Desde que se me acabó el amor…
Odio darle dinero a los “franeleros” que me ayudan a estacionar mi coche; los viejos que manejan a 30 km por hora; los topes, los baches, los semáforos, la gente que cruza la calle cuando yo tengo la luz verde, sobre todo, a los taxistas.
Desde que se me acabó el amor…
Busco un trabajo mejor, uno dónde me vea en 20 años, uno donde ascienda, uno donde crezca; uno de 10 a 12 horas diarias, uno donde siempre me llamen licenciada…
Desde que se me acabó el amor…
Me fijo en la marca de la ropa. Quiero gastarme mi dinero en unos zapatos, trajes sastres, perfumes, aretes, collares y todo aquel fetichismo social de “lo femenino”.
Desde que se me acabó el amor…
Ya no confió, no creo que existan los verdaderos amigos.
Desde que se me acabó el amor…
Desde que ya no estás…