domingo, 19 de octubre de 2008

Caducidad

Tus besos argelinos
saben al agua estancada de la fuente
donde por años he tirado monedas deseando por ti.
Tus besos eufemísticos
saben a las palabras que he utilizado
para describir lo que siento como sólo cariño.
Tus besos novelísticos
son la trama de tres personajes principales.
Tus besos nostálgicos
Son el recuerdo de cómo construimos nuestras identidades
Tus besos amistosos
saben a complicidad
Tus besos regalados
Los recibo en su envoltura de alcohol
Tus besos prescritos
los consumo , uno atrás de otro,
a sabiendas de que ha expirado
la fecha de caducidad de todas mis ilusiones vetustas.
Tus besos resguardados
los poseo para disfrutarlos a solas,
labios de refrigerio para la medianoche
de mi adolescencia trabajosamente prolongada.
Tus besos violentos
golpearon mi consciencia
Tus besos inoportunos
no tienen futuro
Tus besos gramáticos
únicamente pueden ser paréntesis en nuestras vidas.
Tus besos milagrosos
revivieron todos mis fantasmas
Tus besos severos
me hacen convencerme a mi misma,
que para hacerlos mios, hoy será el único día.

CRÓNICAS URBANAS

DUCHARSE FRENTE A 100 PERSONAS

Con la finalidad de celebrar el “día contra la homofobia”, este 17 de mayo, la comunidad de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB) en nuestro país se dieron a tarea de promover eventos, conferencias y exposiciones artísticas en varios puntos y ciudades importantes de la república.
Todo esto, perseguía un propósito claro: acabar con la intolerancia y la discriminación en lugares públicos, centros de trabajo y escuelas; así como proporcionar una imagen distinta al estereotipo del homosexual.
En la capital del Estado de H..., el día fue ignorado por las autoridades gubernamentales, y este pasó inadvertido para toda la población ajena al gremio.
En esa misma cabecera de estado en donde, hace casi un año, se llevó a cabo una fallida marcha gay en la que participaron únicamente una veintena de travestís que aventaban condones a la multitud ente improperios y morbo.
Sin embargo, la comunidad LGTB en la ciudad de P... encontró un modo particular de festejo en sus términos y lugares: los bares y discotecas gays de la ciudad.
Son cerca de cinco, repartidos a lo largo de la capital y en las carreteras que conducen a los municipios más cercanos, funcionan como lugares de esparcimiento y puntos de encuentro, si bien son más frecuentados los lugares informales en los que se encuentran, por ejemplo, los baños de la central de autobuses y los “jales”.
Desde hace 2 semanas, los antros más populares como el S... (cuya actividad se ha visto dificultada por la reciente e inesperada muerte de su dueño) y el C..., tuvieron que compartir la clientela con el nuevo establecimiento, el B...
Localizado en la carretera P...- S..., en la zona de tolerancia donde abundan los moteles, tablees dance y prostíbulos; este nuevo bar se establece en el lugar que previamente funcionó como un table dance exclusivo.
El lugar se anuncia con un letrero en forma circular con el fondo del arcoíris- uno de los más importantes símbolos de la comunidad gay establecido en 1978- y que condiciona la tendencia del lugar.
Todo está preparado en B... para el día contra la homofobia, son las 10 y media de la noche y el bar espera que esta noche de sábado la gente venga a festejar con ellos.
Me dirijo a él junto con una amiga, manejando en una carretera oscura dónde abundan las fechas de luces que conducen a moteles; doy la vuelta en un retorno improvisado por el paso de los coches y me encuentro ahí frente a la entrada y el ballet parking.
La entrada tiene un descuento, ese día únicamente 70 pesos de los 100 pesos habituales por cover, incluida una cerveza y show de stripper, como menciona el cadenero en la puerta.
Le pido dos boletos y me sugiere guardar bien los tickets, puesto que con el número en ellos harían posteriormente la rifa de un baile privado.
La entrada se hace larga, una tarifa de 10 pesos por guardarropa y una joven encargada de catear exhaustivamente a todo aquel que entre.
Ella me pasa sus manos seguidas de un detector de metales manual alrededor del cuerpo.
“¿Qué traes en la bolsa?” Me pregunta señalando un pequeño bolsillo de la chamarra.
Yo guardo silencio por un momento, se me hace absurdo decir un papel, a pesar de ser eso lo único que este contenía. Mi amiga responde, “una bazuca…” y rápidamente la vigilante capta lo absurdo de la pregunta y nos deja pasar de inmediato.
El lugar no es muy grande, cinco sillones circulares con mesa y cerca de 15 mesas de cuatro sillas repartidas alrededor de la pista de baile rectangular limitada por unos barandales de metal, lo que la hace más adecuada para el baile exótico.
La barra se encuentra al lado del escenario, debajo de una cabina que a primera vista no se distingue. Las paredes están pintadas de tenue color rojo dónde cuelgan fotografías a blanco y negro de hombres desnudos en posiciones sensuales, lo mismo que en los baños, donde mujeres desnudas adornan las paredes de los baños de damas y viceversa.
Tomo una mesa cerca del escenario y enfrente de la barra, para observar mejor el espectáculo.
El lugar se llenó a partir de las 11 de la noche, junto a las mesas los grupos de amigos se paran a bailar la selección musical del DJ con géneros del gusto de la comunidad: electrónica, baladas pop y un poco de reggaetón.
La gente toma la pista, en su mayoría hombres entre 20 y 25 años vestidos de pantalones negros y camisas blancas que mueven sus zapatos de punta puntiaguda al ritmo de Thalia. Son menos las mujeres y con un rango de edad diferente, la mayoría son de 30 años en adelante, las hay hasta de 50 años.
Cerca de la 1 y media de la madrugada el espectáculo empieza, sale a la pista un travestí obeso con un vestido blanco personalizando a Paquita la del Barrio.
“Rata de dos patas”, “Taco placero” y “Pobre pistolita” son las canciones que interpreta mientras la gente se acerca a la pista apartando el mejor lugar para el espectáculo principal.
Saluda al público y recuerda que se festeja el día contra la homofobia, calificándolo como un logro de la comunidad.
Pide aplausos para su despida, se escucha un rumor muy bajo de algunas palmas que se juntan con desánimo.
“ Hoy están más aguados que mis nalgas”- reprocha amargamente mientras pregunta por las personas que cumplen años ese día, tres manos de la concurrencia se levantan y los invita para que se acercan al escenario mientras llama al stripper gritando su nombre ¡¡JOVANNY!!
Un joven de unos 25 años vestido de policía- con macana y esposas incluidas- sale de una cortina de plástico hacía el escenario bailando animosamente.
Lleva unos pantalones estrechos donde dejan ver una prominente erección, y poco a poco se va despojando de su ropa, marcado por el ritmo de la música electrónica.
Se queda completamente desnudo, mientras se acerca al barandal que rodea al escenario entre las miradas excitadas de los hombres que simulan agarrarle las nalgas.
Se acerca repetidamente a nuestra mesa entre nuestros gritos de emoción, baila cerca del barandal levantando sus piernas con ritmo.
Uno de los espectadores estira la mano para agarrarle el miembro, pero Jovanny, no lo permite y lo coge de la mano a manera de saludo.
Baila un tiempo con algunos jóvenes localizados en la primera fila y se despide para internarse de nuevo en la oscuridad detrás de las cortinas de plástico que separan al escenario de los vestidores.
El travesti retoma el escenario para efectuar la rifa, ahora está vestido como vaquerita, con sombrero, un overol floreado y botas.
Saca tres números de un sombrero y los grita, miro mis boletos con impaciencia, el último en ser mencionado es el ganador: una chica joven al fondo del lugar.
Esta se dirige al escenario y es interrogada por el interpretador.
¿Eres muy aventada?- Le pregunta mientras se sostiene su sombrero vaquero, “claro que si” contesta rápido su interlocutora.
La pasa tras bambalinas y continúa un set de dos canciones de Ana Bárbara.
Al terminar anuncia que la chica ganadora ha cedido su lugar, así que vuelve a realizar la rifa, en esta ocasión es un chico quien gana.
Las lucen apuntan del lado izquierdo, arriba del escenario en una cabina que pronto se nos informa es una ducha en donde aparece Jovanny desnudo dándose un baño.
El tímido chico ganador entra a la regadera con sus calzones puestos, que el stripper le quita con impaciencia. Pronto los dos quedan desnudos frente a un público de cerca de 100 personas que los mira sorprendidos.
Simulan varias posiciones sexuales y se tocan los cuerpos bajo el chorro de agua caliente que empaña la cabina de vidrio.
El joven está un poco pasado de peso, por lo que la gente se burla continuamente de la grotesca imagen de sus nalgas aplastadas contra el vidrio.
Los dos salen de la regadera y el espectáculo termina, el Disc Jockey del lugar vuelve a colocar música y un juego de luces invita a bailar en la pista.
La gente empieza a ordenar tragos, comida y botanas mientras los chicos empiezan a besarse en la pista de baile y yo me retiro.
Mientras voy camino al estacionamiento, encuentro a dos jóvenes besándose con pasión a la salida del antro.
Mi amiga y yo subimos al coche y manejé de regreso en esa carretera desolada hacia la ciudad, lejos de la clandestinidad y la libertad sabatina, hacia esa otra realidad en donde la homosexualidad es una imagen fantasmagórica, que se percibe pero asusta y se prefiere ignorar.

El diario de lo que no hicimos

Añoro la vida que nunca tuve,
junto a la persona que jamás me amó.
Los minutos de dicotómicas madrugadas,
mitad sueño, mitad recuerdo;
no entrelazados - a manera de puente-
extendido sobre la abismal profundidad de nuestras soledades.

Ansío la nostalgia con la asistimos
al entierro de nuestros besos no natos
Vestidos de negro,
pintados de negro,
siendo la noche.

Donde mis sonrisas fueron fantasmas,
asesinadas por la alegría inasequible a los dos,
ahora espectros atados a la escena del crimen:
eterna mueca de insatisfacción.

Encima del deseo los seis metros de tierra
y la palabra excusa cincelada en piedra.
Siendo incapaz de consolar a mis fantasías,
apiladas, inamovibles,anquilosas;
llorando abrazadas al ataúd en forma de cama.

Extraño cuando me cosía y descosía la cara,
puntos de cruz para los reflejos del alma.
En el cenit de las agujas: mi únicos ojos.

Totalmente ciega, pisando sobre sueños dentados,
archivé tus símbolos y tus sobre estimadas palabras,
con las que te vestiste la piel, entintada de intraducibles marañas.

Pero jamás nos asomamos sobre las almenas de nuestras murallas
(tras muros de prudencia)
sólo permanecimos dándonos la espalda.

El vino del olvido

Dices que lo estoy haciendo bien. No te he llenado de halagos tus días ni te miro lánguida a los ojos: te miro de reojo, te miro la nuca. Te miro con los ojos vueltos para adentro, en el recuerdo donde me miras y siempre tengo la vista más corta que los momentos de placer.

Mis palabras sólo dan vueltas como polillas impacientes alrededor de la incandescencia clarísima y vacua de los lugares comunes. Voy a ellos por los senderos adoquinados de autocontrol y mesura.

Mis ideas se van aclarando: nada de oscuros deseos contenidos, nada de fantasías ni roces furtivos.

Me felicitas mi frialdad pretendida, el píe de mi razonamiento fuertemente colocado en la garganta de la bestia: encarcelada, domesticada y vejada.

La culpa- según explicas- es una sana respuesta; me paraliza de ejercer todo lo que me es inconveniente. Llena los vacios de tu ausencia.

Me voy comiendo compulsiva y ansiosa las migajas esparcidas de los minutos íntimos que realmente nunca digerimos .Mientras viertes parsimoniosamente el vino con el que brindamos por nuestra fingida mala memoria.

Y me embriago profundamente lidiando con mi inusual retentiva, la inconveniente memoria selectiva de mis labios.

Reanudo la promesa que rompí al besarte, me ato las comisuras con los hilos sueltos de mi conciencia.

La generación "Y" (Why?)


Tenía 9 años cuando kurt Cobain,-líder y vocalista del grupo de rock Nirvana- se suicidio, el 8 de abril de 1994. El más grande símbolo de la maquinaria iconoclasta de la década de los noventas había muerto, en lo que muchos ven como la muerte de toda una generación: la X.
Era aún un infante inmune a la percepción del fenómeno social que acaecía. En mi armario no había jeans roídos, ni botas negras ni chaquetas de franela estilo leñador, para mí no existía la música grunge y mucho menos se veía afectado mi ánimo en la callada desesperación existencial posmoderna que pareció invadir el espíritu de la juventud que alcanzada la veintena al principio de la última década del milenio.
A medida que crecía, se permeaban los vestigios de las manifestaciones artísticas de quienes habían formado todo un movimiento, entremezcladas con los productos mercantiles de fin de milenio.
El paso a la pubertad se manifestó, como en muchos de mis contemporáneos, con un simple hecho mercantilista: constituíamos ahora un nuevo segmento de mercado, cambiamos el canal de nuestro televisor, de las caricaturas a MTV, cuatro horas diarias de todo un espectáculo audiovisual.
De las manifestaciones nihilistas, el pesimismo y el burdo existencialismo light quedó la música y la moda: el rock alternativo. En una de las maniobras previsibles, puesto que la bifurcación que ahora constituíamos- la llamada generación Y- cayó en el mismo error que la precursora tanto evitó y terminó por aceptar: el consumismo.
Lo que se llamó rebeldía pudo haber sido llamado- con un poco más de honestidad- conformismo; la generación de universitarios, de jóvenes preparados y con altas expectativas que el mercado laboral no les permitió alcanzar.
El anti comercialismo que fue pancarta fue un consumismo disminuido y selectivo: la adquisición de productos sólo tenía una connotación negativa cuando se salía de la lista de productos acordados por la colectividad a que pertenecían.
Nacidos entre 1984 y 1994, los “y” somos la generación intermedia a la que se le suma las nuevas corrientes marcadas por la tecnología,
Por eso nos integramos tan fácilmente a la misma problemática, a la que se le añadió el uso de las tecnologías de la información, mismas de las que también somos usuarios, pero aún recordamos los tiempos en las que estás no existían.
Formándose una selección en la que se dividió el mundo, en los que sabían usarlas y en los que no. Constituyendo un grupo nostálgico y renuente a los cambios dentro de los miembros de la antigua generación.
De esa forma, se unieron los más jóvenes, aquellos que en la actualidad son adolescentes, en el grupo heterogéneo de los “Y” donde caben los hijos del milenio y la generación google, compartimos problemáticas: no tenemos conciencia.
Los equis ya son adultos, ahora ejercen los trabajos que antes despreciaban, han formado familias y se adaptan a un mercado laboral que los considera hábiles por su facilidad al trabajo en equipo y el rompimiento que hacen de los viejos paradigmas jerárquicos dentro de las empresas.
No pudieron conservan ni su actitud ni su ideología a los puestos de trabajo, sin embargo no se dejaron abatir en sus vidas personales y sustituyeron esa imposibilidad de cambiar el mundo salvando la relación que mantenían con los demás fuera de los ámbitos laborales.
Para los Y, nuestra eficiencia como trabajadores dentro de la sociedad capitalista aún no sido puesta a prueba, pero los pronósticos parecen desalentadores: nuestra incapacidad para establecer relaciones interpersonales es considerada una de nuestras mayores dificultades.
La individualidad nos deja inhabilitados para modificar nuestro entorno más íntimo y próximo.
Nos adaptamos a medio comunicarnos presidiendo del lenguaje no verbal, de las relaciones interpersonales reales y directas, sustituyendo nuestras emociones por burdos emoticones, que construyen un mundo que se alimenta del imaginario colectivo: el ciberespacio.
El registro que hacemos de nuestra vida es mayor que nunca antes: miles de fotos digitales, videos, y escritos diarios en el blog, e irónicamente participamos cada vez en menor medida de nuestra vida, aquella que se desarrolla fuera de la pantalla del computador, el homo videns de Giovanni Sartrori, limitado a la imagen y a la multimedia.
Una generación que se excluye entre ella, en una auto discriminación favorecida por la adquisición de bienes simbólicos que incluyen a los adolescentes en grupos faltos de ideología y por lo tanto de conciencia y cohesión social.
La información está ahí, cómo nunca antes, y los medios para obtenerla se limitan a una búsqueda de segundos en internet. El registro de la historia, la cultura y las manifestaciones artísticas se encuentras revueltas, sintetizadas y descontextualizadas, la urgencia por lo que viene reduce la vida de todo lo que surge, en dos semanas, en un mes, todo lo nuevo dejara de ser útil.
El juego de palabras en inglés que se hizo de la consonante “Y”, que es fonéticamente parecido a la palabra Why (por qué) , nunca definió del todo a una generación que si bien inquiere continuamente, nunca lo hace por otra razón que no responda a fines pragmáticos y utilitaristas.
Perdemos la capacidad de sorprendernos de lo que puede o no lograr la humanidad, a diario utilizamos aparatos de alta tecnología de los que no sabemos su funcionamiento ni los elementos que permitieron que se alcanzara tal sofisticación.
La decepción, la rebeldía y la insatisfacción se manifiestan como algo mecánico, una etapa y la reafirmación de una personalidad que compra esos valores al comprar los productos de marcas que mercadean con esa imagen.
Aunque este fenómeno no es propio ni único de esta generación, la ambición publicitaria del nuevo milenio ha fabricado productos que se adaptan a todo tipo o varios nichos de mercado; lo que permite el uso y consumo de diversos y excesivos productos.
La generación previa nos hereda el desencanto por la vida y los roles asignados para nosotros dentro de la sociedad, sin embargo, ellos parecieron sino solucionarlo si sobrellevarlo con desfachatez, sarcasmo y apatía; mientras nosotros alimentamos día a día con animosidad la misma maquinaria que nos oprime.