A mi mejor amigo:
Te escribo esta carta porque sé que nunca va a llegar a tus manos, pero tengo que decirte que hoy ha sido uno de esos días primordiales, de esos días que constituyen la historia básica de nuestra vida; equiparable al casamiento, la graduación, la primera relación sexual y el primer enamoramiento (no necesariamente en ese orden). Hoy fue el día en el que me di cuenta que era un cliché
Las primeras “patas de gallos” aún no han cobijado en sus pliegues hasta dejar morir mi idealismo adolescente, me sigue provocando escozor bajo la blusa azul celeste que llevo a los eventos del trabajo.
Es como las hemorroides que te hacen más difícil sobrellevar “las horas nalga”, aquellas que por alguna razón son casi la mitad de las horas del día; faltando de esta manera a los derechos constitucionales- aquellos que te “enseñaron” a memorizar cuando estabas en la escuela elemental y que con el tiempo has aprendido a olvidar- falta de experiencia y juventud son las palabras que aparecen encima de una plasta blanca de corrector en los apuntes de tu libreta mental.
Cuando me tiemblan los dedos en el teclado de la computadora, sé que es obra suya; casi mecánicamente me veo obligada de borrar con una tecla las cuartillas repletas de las leyenda “Chinga tu madre”.
Necesito unos lentes con la graduación suficiente para tapar la miopía a la cual me somete, me hace ver una finísima replica borrosa al lado de las imágenes que he interpretado como oportunidad de cambio y redención, así que sólo entrecierro los ojos todo el día para ver mejor.
Como puedes ver, soy un cliché; aún no me sacudo ese ánimo universitario de cambiar al mundo bajo la punta rodante de un bolígrafo o el cursor que parpadea ente el inmaculado blanco de la hoja simulada del computador.
Cada día se abre la ventana de la oficina y yo me sumo a la fantasía del “Nunca Jamás” y me siento más adolescente que las pústulas de grasa y los puntos negros en la nariz.
¿Recuerdas nuestras promesas prematuras de salir de esta ciudad? La madre tierra nos abre las piernas hasta dirigirnos a su sexo cálido de conformidad. Y no salimos, estas son nuestras tierras, el símil del Luvina de Rulfo;en la "Bella airosa" (afirmación medianamente verdadera) ese aire no nos llevará a ningún lado, en este pueblo con aspiraciones de ciudad " donde se puede ver la tristeza a la hora que quiera, el aire que allí sopla la revuelve pero no se la lleva nunca"
Tiene unas semanas que no te veo, y sé con seguridad que mediaran otras más antes de verte, pero como insiste mi jefe: “la vida privada en este trabajo, no existe”.
1 comentario:
Apagada explosión de coraje, furía, enonjo y deseperación.
"Horas nalga" jajajajaja no me las imagino porque las siento.
Al final de cuentas seguimos siendo esclavos de los cliches de nuestras vidas, ¿¿¿quien nos vendio la idea barata de cambiar, revolucionar el mundo??? aquellos que lo hicieron estan muertos ensu mayoria o en su totalidad.
Hoy que estamos fuera no cambia nada, siempre es lo mismo y "aún hay más".
pero alguna vez alguien me dijo que jamás sucediera lo que sucediera, nunca abandonara mis ideales.
mientras se sigan fabricando boligrafos y derramen tinta seguire escribiendo mis ideales.
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